El dentista verdulero

21 Jun, 2003

Pues el caso es que llevaba poco más de un año sin ir al dentista y me notaba yo que una muela del juicio me había empezado a salir, pero me daba a mi la impresión que esa muela estaba picada.
Mi intención era ir a la dentista para que me observara la muela y me dijera que se podía hacer, si sacármela directamente o aplicarme un láser especial para destruir el marfil del diente o algo menos doloroso que la extracción.
Lleno de valor me decido ir a la dentista, y cual es mi sorpresa y mi pesar cuando me entero de que mi antigua dentista se murió de cáncer el año pasado. Una vez superado el trauma opto por pedir cita en otra clínica dental para mi desconocida a la par que cercana. Llegado el día de la visita me personé en el local, esperando una solución satisfactoria a mi necesidad.

- “¿Es usted Gustavo?” me preguntó una amable señorita con acento venezolano.
- “si” respondí yo con la austeridad que me caracteriza.
- “pase pues” respondió ella, y tras seguir sus indicaciones me encontré sentado en la silla delante del dentista, que a priori tenía un aspecto un tanto locuaz.
- “¿Cuántos años tienes?” me dijo el dentista con el mismo acento venezolano.
- “26, yo venía para ver si tenía alguna caries y para ver que tal tengo las muelas del juicio” dije yo en un alarde de extroversión.
- “espera que te mire Mariano, digo Gustavo, es que Mariano era uno de esta mañana, perdona” y se puso a mirarme la boca.
- Después de 10 segundos de observación me dice: “pues tienes los empastes perfectos y no tienes ninguna caries más. Te haría falta una limpieza de sarro. Y en cuanto a las muelas del juicio yo siempre aconsejo quitar las cuatro”.
- Yo sorprendido por su rápido juicio le dije: “¿Pero como las tengo? Es que yo la de abajo creo que me está saliendo y ya tiene caries”.
- “Si da igual, si estén como estén lo mejor es quitarlas. Las muelas del juicio no sirven para nada, son algo inútil, ¿y para qué vamos a tener algo inútil en nuestra boca?” me pregunta él.
- “Ya, vale, pero yo quería saber si tengo o no tengo caries o si es imprescindible sacarlas” le vuelvo a increpar.
- Entonces coge un poco molesto y me mira una segunda vez. “Pues tienes la de la izquierda de arriba picada. Yo sacaría las cuatro. Es que mira Gustavo, ahora tienes 26, luego tendrás 36, 46, y cuando seas viejo esas muelas del juicio te habrán hecho mucho mal en tu boca. Cuando una muela sale torcida te desplaza al resto de muelas, y entonces te dolerá muchísimo la boca, te sangrarán las encías, te olerá muy mal el aliento, tu vida se convertirá en un infierno y al final, no te servirá solo quitarte la muela del juicio, si no la penúltima o vete a saber…”.
- “ya pero eso es en el caso de que salgan mal, pero eso no es siempre, puede que no den esos problemas” le comento.
- “pero como son inútiles, pues no hay motivo para dejar algo inútil”. De dice.
- “la que tengo picada vale, pero las de la derecha ya han salido y están perfectamente colocadas, esas no veo motivo para quitármelas.” Le vuelvo a comentar.
- “¿y entonces la que esta saliéndome como está?¿tiene caries?”. Le pregunto.
- “pues esa está…. como está, está ahí, no se ve, pero es que es tontería, son ganas de preocuparse, se sacan y ya está” me vuelve a sugerir.
- “pues mira, me hago solo la limpieza, lo de las muelas me lo pensaré y ya pediré cita cuando me decida”. Dije yo para salir al paso.

Empieza a hacerme la limpieza y me da una especie de mando con un cable y me dice:
- “Coge esto y cuando de duela dale vueltas a este botón hacia el +”.
- “¿pero esto que es?”, le pregunto extrañado.
- “pues…. es… una especie de… anestesia. Es algo nuevo que hemos empezado a usar nosotros….” Me dice.
Yo paso de preguntarle más y le dejo que empiece, me la suda el aparato, tu no me hagas daño y punto.

…

Cuando termina la limpieza-escabechina, me deja un espejito y coge una especie de escobilla chiquitita y me dice:
- “Esto es un cepillo que comercializamos para limpiar entre los dientes, se usa así”.
Y empieza a meterme el cepillito entre los dientes doloridos.
- “Ves como entra” me dice al introducirlo entre los dientes delanteros de la mandíbula inferior.
- “uy, aquí no entra,¡uy! Aquí tampoco. En las muelas seguro que entra…. ¡Uy! Pues no entra, ¡uy! ¡Uy!, vaya pues no le vamos a poder vender uno de estos a Gustavo, no le entran” le dice a su ayudante después de hincarme el cepillito en varias de las encías doloridas y ahora ensangrentadas.
- “eso va a ser que las muelas del juicio están apretando las muelas…” me suelta.

“A VER PEDAZO DE GILIPOLLAS, SI YO TENGO LAS MUELAS DE PUTA MADRE, SI TODA LA VIDA HAN ESTADO ASÍ DE JUNTAS, PORQUE ME SUELTAS ESAS GILIPOLLECES, PEDAZO DE SUBNORMAL” me dieron ganas de decirle, pero no se lo dije, me calle, pague y me piré. Ya iré a un dentista con algo de rigor y que me demuestre que realmente es necesario quitarme las muelas.

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